lunes, 6 de octubre de 2014

Pueblo o ciudad

Viniendo de Shanghai, uno se espera encontrar el mismo paisaje urbano de rascacielos y bloques residenciales agolpados en todo el país.

Por eso, la visita a Beijing sorprende. Tiene sus edificios altos, por supuesto, un centro internacional de negocios al nordeste de la ciudad que deja con la boca abierta, y un crecimiento en torres a lo largo de su quinto y sexto anillo que nada tiene que envidiar a la verticalidad de Manhattan.



Pero la atmósfera que conozco durante esta visita es otra. En el interior de su segundo anillo, las calles que ellos llaman hutongs son adarves estrechos. Casas de una planta, con muros de ladrillo gris en los que resaltan las banderas rojas y amarillas. Por encima de los muros, las ramas de los árboles (hay muchos kakis) que dan sombra a los patios. Los coches se aparcan en cualquier sitio. Se cocina y se come en la calle, aunque el frío de hace tres días ya invitó al interior de los salones. 

Siendo una ciudad en la que viven (no se sabe) 15 o 20 millones de habitantes, no se oyen los sonidos con los que inmediatamente identificamos a lo urbano. Ni una sirena, de ambulancia o de policía. Ni un solo helicóptero. Sólo el pitido que anuncia que por detrás se acerca una moto eléctrica. Niños jugando o el ladrido de un perro.

Cinco días en la capital del Imperio del Centro, y no se aún si se trata de un pueblo o de una ciudad.

Abrazos

Plax

No hay comentarios:

Publicar un comentario