martes, 21 de octubre de 2014

El jeepney

Lo primero hacia lo que se te van los ojos al llegar a esta ciudad es ese medio de transporte heredado de la Segunda Guerra Mundial de los americanos, que es el Jeepney...


El Jeepney es puro Manila: híbrido entre coche militar y autobús escolar, atestado siempre de gente, color a raudales y peste a humo de gasoil...un logro estético cani imposible de superar...

Abrazos 

De vuelta, desde Manila

Ha sido mucho tiempo sin volver por mis propios medios al blog, gracias a mi querido Bisagra que me ha estado colgando los posts que no podía publicar desde China...

Y es que el salto desde la controlada y ordenada (creedme) Shanghai a la caótica Manila es una sensación parecida a pasar de no tener internet a tenerlo. Manila es desorden, ruido, suciedad, polución, inseguridad...una ciudad viva, con todos sus defectos y todas sus virtudes...

Lo visto hasta el momento ha sido poco. Y la impresión era la misma de encontrarme a México traducido a la cultura asiática: doblemente excesiva, colorida y humana...

Os seguiré contando. Desde que he llegado, no paro de alucinar...


Abrazos

Plax

martes, 14 de octubre de 2014

El saber estar, o la teoría china de la relatividad

Fue el otro día, hablando con mi colega chino de la Universidad, que me dijo que él se consideraba un arquitecto modesto en su país, porque a su edad, que es la mía, solamente había construido dos edificios de más de 100 metros.

Claro, al llegar el sábado pasado al vestíbulo del hotel Grand Hyatt en la planta 57 de la torre Jin Mao y mirar hacia arriba, comprendí el sentido de la modestia en la arquitectura china contemporánea: cualquiera de los dos rascacielos de mi amigo cabría dentro de este espacio.


Cuestiones de tamaño y relatividad. Lecciones de saber estar, que nunca sabes por dónde te van a llegar.

Abrazos

lunes, 6 de octubre de 2014

Pueblo o ciudad

Viniendo de Shanghai, uno se espera encontrar el mismo paisaje urbano de rascacielos y bloques residenciales agolpados en todo el país.

Por eso, la visita a Beijing sorprende. Tiene sus edificios altos, por supuesto, un centro internacional de negocios al nordeste de la ciudad que deja con la boca abierta, y un crecimiento en torres a lo largo de su quinto y sexto anillo que nada tiene que envidiar a la verticalidad de Manhattan.



Pero la atmósfera que conozco durante esta visita es otra. En el interior de su segundo anillo, las calles que ellos llaman hutongs son adarves estrechos. Casas de una planta, con muros de ladrillo gris en los que resaltan las banderas rojas y amarillas. Por encima de los muros, las ramas de los árboles (hay muchos kakis) que dan sombra a los patios. Los coches se aparcan en cualquier sitio. Se cocina y se come en la calle, aunque el frío de hace tres días ya invitó al interior de los salones. 

Siendo una ciudad en la que viven (no se sabe) 15 o 20 millones de habitantes, no se oyen los sonidos con los que inmediatamente identificamos a lo urbano. Ni una sirena, de ambulancia o de policía. Ni un solo helicóptero. Sólo el pitido que anuncia que por detrás se acerca una moto eléctrica. Niños jugando o el ladrido de un perro.

Cinco días en la capital del Imperio del Centro, y no se aún si se trata de un pueblo o de una ciudad.

Abrazos

Plax

lunes, 29 de septiembre de 2014

La masa

Creo que ya lo debo haber comentado antes, pero lo de contemplar las masas aquí no deja de ser impresionante...


Estoy en la estación de Shanghai Hongquiao, esperando para coger el tren que me lleve a Bejing, ya por cuarta vez en estos últimos cuatro años. Allí pasaré la fiesta nacional, que empieza el 1 de Octubre y dura toda una semana.

En estos días, que son una de las tres grandes fiestas del calendario, China al completo se mueve. La gente sale de las ciudades para volver a sus casas, a los pueblos, a visitar a sus familias. La gente de los pueblos toma esos mismos trenes de vuelta para hacer turismo y conocer las ciudades. Beijing va a ser un hervidero de gente.

Me han dicho que hay quienes ya llevan días tomando sitio para ver el desfile del miércoles frente a la Ciudad Prohibida. Si lo estremecedor de este país son las masas, lo que espero ver en la capital promete ser para dejar sin aliento. Procuraré contároslo.

Como dijo Mao: Oriente es rojo...

...y se va de vacaciones! ¡Viva la Revolución!!

Abrazos

Plax

domingo, 28 de septiembre de 2014

Del tutti frutti al arroz, pasando por Sichuán

Dentro del nuevo contexto, uno de los cambios más bruscos es el de la comida. Cualquiera que haya estado aquí y vuelva a comer en España en un "chino", se dará cuenta de lo pobre que es reducir a una sola categoría que engloba lo que comen 1.500 millones de personas repartidas en 52 etnias diferentes.

Al lado de la entrada de la Universidad, hay varias casas de comidas donde se puede tener una primera idea de esa variedad. La cocina de Xian es pesada, y un plato como el Youngroupomo (que seguro que he escrito mal), con sus migas en sopa, su carne de ternera y los ajos macerados en vinagre, es capaz de levantar a un muerto.

La de Sichuan es picante, tanto que cuando como siempre a la entrada de un restaurante, coges dos servilletas para llevarlas a la mesa, en el sitio de los sichuaneses es necesario contar con seis: las dos de la boca que siempre se usan, más dos para el goteo de la nariz, y otras dos para las lágrimas. Sencillamente brutal.

Sin embargo, mi favorito de todos los días es uno que no tiene muchas estridencias. Su variedad de platos es igualmente amplia, pero en el restaurante uigur, siempre que voy, pido el que considero que es el plato estrella: arroz con tomate y apio hervido, y un huevo revuelto encima.



Aunque parezca insulso, soy fiel a él. Puedo comerlo a todas horas. Por tener de todo, tiene hasta todos los colores. El arroz apelmazado, el huevo con su punto de sal, el tomate jugoso, el apio que cruja aún un poquito. No sé cómo se llama, pero al entrar ya directamente los dos chavales que llevan el bar, me lo ponen sin necesidad de preguntar.

Debe ser también cosa de la edad. Porque comiendo, me acuerdo de la frase mítica que me dijo una vez el Abuelo, sobre una persona muy querida por él, que solamente comía el helado de tutti frutti. Su argumento era: si es el que me gusta, ¿para qué quiero probar otro más?. Irrebatible. Me acuerdo del día que Pablo me lo dijo en La Antilla como sí fuera ayer, con su buena memoria, supongo quede acordará también, y de mi cara de incredulidad.

En fin: pensamientos distraídos sobre cómo conforme avanzamos, tendemos a simplificar. Cómo pasa el tiempo. Del tutti frutti al arroz, pasando por Sichuán.

Abrazos

Plax

viernes, 19 de septiembre de 2014

La fuga

Ha sido esta noche, ante el cuenco con dumplings en salsa picante, que me he parado a pensar.


Llevo varios días encerrado en mi habitación de hotel en Shanghai acabando un libro que empecé a escribir en Chicago sobre un alemán exiliado. Estoy pendiente de que me llegue un correo de Ecuador en los próximos días, que va a determinar lo que haga a partir de Noviembre y durante el próximo año. Entretanto, preparo un viaje a Filipinas dentro de un mes, para abrir un frente más dentro del grupo de investigación en el que hasta ahora estamos estudiando Marruecos, el Sáhara y Guinea Ecuatorial.

Ya cerca de cumplir mis cuarenta años, delante del cuenco de dumplings me he preguntado si realmente no estaré huyendo de algo. Menos mal que mandando este correo a mi querido Bisagra sé dónde está mi ancla.

Aunque sepa eso, me acuesto pensando.

Abrazos

Plax

sábado, 13 de septiembre de 2014

Crepúsculo en Shanghai

Recuerdo el consejo que me dio mi amiga Minna, cuando fui por vez primera a Nueva York, para subir al Empire State por la tarde, cuando el sol fuera cayendo, y ver cómo avanzaba el crepúsculo y las luces de la ciudad se iluminaban...

Las tres veces que he ido a Nueva York lo he hecho, siempre con personas importantes a las que he podido ver la expresión cambiante, las bocas abiertas, el asombro, la incredulidad.


Hoy, por tercera vez en cuatro años, he vuelto a rendir visita al Bund. A las cinco y media de la tarde, cuando empezaba a anochecer, y hasta las siete he sido testigo del espectáculo de la iluminación de los rascacielos en el distrito de Lui Jia Zui, al otro lado del Hangpu. La boca abierta era otra vez la mía, como el año pasado, acompañado de los miles de personas que acuden al espectáculo de una ciudad que cada noche se celebra a sí misma, sin pudor ni escatimar.

Dicen, y es verdad, que cuando se va a Nueva York por primera vez, se tiene la sensación de haber estado antes, de pertenecer a ese lugar (por cierto, se viene hablando desde hace bastante tiempo de declarar Patrimonio de la Humanidad a la isla de Manhattan, algo habrá...). Hoy, paseando por Nanjing Road hasta llegar a esta visión de noche, he tenido una sensación parecida: repasando cada escena de años anteriores, casi pensé que no había llegado a volverme de acá hace casi diez meses ya. No soy de aquí, pero algo de mí aquí está.

Lo que es el tiempo. Con todos mis respetos por la brutal belleza de esta ciudad,

Abrazos

Plax

P.S.: Estando por estas latitudes, estos posts me los cuelga Bisagra en diferido, y no puedo comentar, más que a través, si acaso, del siguiente post...vuestros comentarios me llegan de todas formas por correo, y leerlos de esta manera completamente furtiva, me alegra todavía más... y gracias Bisagra por hacerme de médium…

viernes, 12 de septiembre de 2014

Adelante, lejos, lejos

Hoy es el día uno de muchos cambios. Salgo fuera por una temporada, en el primer paso de una caminata que me llevará lejos. 


Me voy sin mirar atrás, como decía mi querida abuela Josefa, ni tan siquiera para coger impulso. Tengo al lado a mi familia que me da fuerzas, amigos cuyo entusiasmo también agradezco. Por delante hay cosas buenas, nuevas responsabilidades y proyectos.

Gracias a los que me apoyáis. Aunque estemos separados un tiempo, ya tengo ganas de veros. Porque como dice el fandango,

Aunque me voy, no me voy
Aunque me voy, no me ausento
Aunque me voy de palabra
Pero no de pensamiento
Aunque me voy, no me voy...

Os quiero.

Plax

martes, 2 de septiembre de 2014

Leña al leñador

Fue por la advertencia de nuestro querido amigo Marcos, que esta mañana he desviado mi itinerario de running para pasar por Almirante Lobo.

Y la verdad, no hacen falta fotos para ilustrar este post, ni expresar el asco que mis palabras intentan procesar tras la visión que me he llevado. Creo que merece la pena que ese paisaje dantesco lo contempléis con vuestros propios ojos, y que de la imagen hagáis una valoración.

Por mi parte diré que si como se dice, se trataba de una cuestión patrimonial, recordemos que los autores intelectuales de la tala de los árboles son los mismos lumbreras que para dejarnos las cosas claras, se empeñaron en poner el azulejo de "TRIANA" allá en la calle Betis nada más empezar a gobernar. 

En esa ocasión perdieron, y hoy hemos perdido todos los demás, empezando por los plátanos. Solamente recordar, que si lo que se aduce es que su presencia ocultaba la visión de la Torre del Oro, también ese argumento puede ser empleado contra quienes como responsables políticos se empeñan en ocultarnos con su farfolla lo que es claro y transparente como el cristal: el sentido común y la verdad.

En algún momento, Zoidote, tu rollo se te cortará. O usando tu propio eufemismo, se te "apeará". Donde las dan las toman, los cazadores son cazados y el leñazo se lo lleva el leñador. Esperemos que sea pronto. Ojalá fuese posible ya.

Sin mis respetos,

Plax