martes, 28 de diciembre de 2010

La esperanza

Queridos amigos,

Me sumo a las reflexiones para un año que se acaba, y transcribo a Séneca en su Carta 123 a Lucilio:

"(...) Despiertan atracción en nosotros la riqueza, los placeres, la hermosura, la fama y ostentación y todas las cosas amables y alegres; y despiertan rechazo el esfuerzo, la muerte, el dolor, el oprobio, vivir en la estrechez. Debemos ejercitarnos en no temer las unas ni desear las otras; hay que combatir a la contra: retirémonos ante las cosas que nos atraigan, y hagamos frente a las que se nos muestren adversas.

¿No te has fijado en que es muy distinta la manera de comportarse en una subida o en una bajada? El que echa el cuerpo hacia atrás, y el que sube echa el cuerpo hacia adelante. Porque si al bajar echas el cuerpo hacia adelante, y lo echas atrás al subir, Lucilio, eso es consentir el vicio. En los placeres se está en cuesta abajo, en las dificultades y adversidades se está en cuesta arriba: avancemos aquí el cuerpo, y refrenémoslo allí."

En un año en el que seguimos perdiendo por 0-1 en el minuto 3 del descuento, sigo confiando en que la última página nos dé una sorpresa y que abra la posibilidad de avanzar...como Rose of Sharon en ese monumento que, como bien decía Mucia, es Las uvas de la ira...la posibilidad de que, llegados a un extremo, incluso de la muerte pueda surgir la vida...

Abrazos

Plax

2 comentarios:

  1. Gran alegato a la esperanza, querido Plax.

    Que suba pues Palop a rematar el corner....

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  2. Reproduzco lo que que en Abril escribía en mi post sobre "La Felicidad Estoica"

    Hasta la fecha, la mejor reflexión que he encontrado al respecto (de la Felicidad) es la que copio literalmente del libro Historia de la Filosofía del profesor Julián Marías.

    En su libro, al analizar la filosofía de la Escuela Estoica, desarrollada a lo largo de los dos primeros siglos después de Cristo, y a la que pertenece Séneca, escribe:

    "La ética estoica se funda también en la idea de la autarquía, de la suficiencia. El hombre, el sabio, ha de bastarse a sí mismo. [...] El bien supremo es la felicidad -que no tiene que ver con el placer-, y ésta consiste en la virtud. A su vez, esta virtud consiste en vivir de acuerdo con la verdadera naturaleza. La naturaleza del hombre es racional, y esta vida que postula la ética estoica es la vida racional. La razón humana es una parcela de la razón universal, y así nuestra naturaleza nos pone de acuerdo con el universo entero, es decir, con la Naturaleza. El sabio la acepta tal como es, se amolda enteramente al destino: obedecer a Dios es libertad. Esta aceptación del destino es característica de la moral de la Stoa. [...] El sabio se hace independiente, soportando todo, como una roca que hace fente a todos los embates del agua. Y, al mismo tiempo, logra su suficiencia disminuyendo sus necesidades: soporta y renuncia. El sabio se ha de despojar de sus pasiones para lograr la imperturbabilidad, la "apatía", la "ataraxia". El sabio es dueño de sí, no se deja arrebatar por nada, no está a merced de los sucesos exteriores, puede ser feliz en medio de los mayores dolores y males. Los bienes de la vida pueden ser, a lo sumo, deseables y apetecibles; pero no tienen verdadero valor e importancia, sino sólo la virtud. Esta consiste en la conformidad racional con el orden de las cosas, en la razón recta. El concepto de deber no existe, en rigor, en la ética antigua. Lo debido, es más bien, lo adecuado, lo decente, lo que está bien, en un sentido casi estético. Lo recto es primariamente lo correcto, lo que está de acuerdo con la razón."

    Todo sigue girando en torno a la razón... incluida la felicidad, de ahí que en Planeta Sinrazón, la felicidad sea difícil de alcanzar... hasta que no apliquemos la razón.

    Desde el siglo II D.C. no he encontrado reflexiones sobre la felicidad que realmente vayan a la causa raíz, y que por tanto, no sean más que tópicos típicos, bonitos sobre el papel y de cara a la galería, pero difíciles de aplicar, con éxito, de forma práctica.

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